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Importancia de los aportes de microminerales en la dieta del ganado ovino

TEGASA - Departamento Técnico Rumiantes

1.- INTRODUCCION
Las necesidades en minerales deben ser cubiertas y controladas mediante el manejo de la alimentación, para evitar una carencia o toxicidad de alguno de los elementos. Cuando se produce un aporte mineral inadecuado o en proporciones incorrectas la función reproductiva es la más afectada, lo que conlleva a su vez, una disminución de la productividad y de la rentabilidad de las explotaciones.

Dentro de la gran cantidad de elementos minerales que contiene el organismo, tan solo 15 han demostrado ser esenciales para el ganado ovino (NRC, 1985), considerándose como esencial aquellos en los que se ha demostrado que poseen una función metabólica en el animal (MacDonald et al., 2002). En otras especies se están realizando investigaciones con otros elementos que podrían ser esenciales de manera eventual en el ovino, como por ejemplo el Flúor (NRC, 1985). Los microminerales esenciales son el Selenio, el Cobre, el Cinc, el Manganeso, el Hierro, el Cobalto, el Molibdeno y el Yodo. Sus necesidades se expresan normalmente como ppm (mg por Kg) en materia seca.
Las necesidades del ganado ovino adulto se verán afectadas por factores ligados al animal como la edad, el estado productivo (mayores necesidades minerales en ovejas con gestación avanzada o en el periodo de lactación), el número de corderos (mayor con partos múltiples), el peso vivo, el estado sanitario (las parasitaciones crónicas aumentan las necesidades), las condiciones de estrés (vacunaciones, esquileo,…), la raza y el tipo de producción. En cuanto a los aportes, también influirán una serie de factores, como la disponibilidad y actividad de las diferentes fuentes aportadas, la interacción con otros minerales, el tipo de forraje o composición de la ración diaria, el tipo de suelo y los factores de manejo de la alimentación (Bell, 1997).

2.- IMPORTANCIA DE LOS MICROMINERALES (Tabla 1):

Cinc:
Las necesidades mínimas sugeridas para ovejas gestantes y lactantes es la misma que para los machos (NRC, 1985). La carencia de cinc en el ganado ovino se caracteriza por la disminución del apetito y la reducción en el crecimiento. En los carneros produce la alteración de la líbido por el hipogonadismo y reduce en éstos la espermatogénesis. La dosificación para evitar los efectos de una carencia de cinc en carneros es de 33 mg de cinc por Kg de materia seca. La deficiencia de cinc en las ovejas afecta a todas las fases reproductivas, desde el estro hasta el parto, incluso en la lactación (NRC, 1985). Una carencia leve en ovejas gestantes reduce el número de corderos nacidos y el peso vivo al nacimiento. Una carencia grave reduce el número de corderos nacidos vivos y puede llegar a inducir toxemia de gestación secundaria a la anorexia (Underwood, 1981; Loste et al., 2001). Por tanto, la suplementación con cinc nos permitirá aumentar la fecundidad, el número de nacidos vivos y la supervivencia de los corderos.

Cobalto:
Una función conocida del cobalto en la nutrición ovina es que promueve la síntesis de vitamina B12 en el rumen. Por lo que signos de carencia de cobalto serán signos de deficiencia en vitamina B12, como es la pérdida del apetito, anemia, disminución de la actividad estral, disminución de la producción lechera y de la lana (Underwood, 1981, McDonald et al., 2002).
En condiciones de pastoreo las ovejas son sensibles a un déficit de Cobalto cuando los niveles se encuentran por debajo de 0.1 mg por Kg de materia seca (McDonald et al., 2002). Es importante que no haya carencias de cobalto, sobre todo al inicio de gestación, porque influye negativamente reduciendo el número de corderos nacidos vivos y su supervivencia (Loste et al., 2001).

Cobre y Molibdeno:
Es conveniente tratar conjuntamente ambos microminerales debida a la estrecha interacción entre estos dos elementos. En la Unión Europea el nivel máximo de cobre permitido en las dietas de las ovejas es de 15 mg por Kg, no debiendo superar esta cantidad si se pretende evitar la intoxicación por cobre (McDonald et al., 2002), siendo la oveja una especie muy sensible, donde niveles de 20 a 100 mg de cobre por Kg de P.V produce una intoxicación aguda, y donde las crónicas suelen ir ligadas a dietas reducidas en molibdeno y azufre (Merck, 1993).

La susceptibilidad a la intoxicación por cobre variará en función de la raza y de la interacción de otros elementos, como es el molibdeno y el azufre. El molibdeno tiene la capacidad de formar complejos insolubles que reducen la utilización del cobre, y este efecto se encuentra limitado por el azufre de la dieta. (Phillipo et al., 1987; Smith & Akinbamijo, 2000, McDonald et al., 2002).

Las necesidades de cobre para ovejas son de 7 a 10 ppm en materia seca, siempre y cuando los niveles de molibdeno no sean superiores a 1 ppm, niveles de 25 ppm de cobre pueden ser tóxicos (NRC, 1985). Si la concentración de molibdeno es muy superior a 1 ppm, los niveles de cobre de la dieta podrían aumentarse a 15-20 ppm para prevenir deficiencias que ocasionan infertilidad (Jimeno et al., 2001).

En el caso del déficit de cobre en las ovejas, además de infertilidad, abortos, reabsorciones embrionarias, fetos de menor tamaño y mayor número de nacidos muertos, puede ocasionar ataxia enzoótica en los corderos. En machos también produce alteraciones de la libido y reduce la espermatogénesis (Smith & Akinbamijo, 2000; Loste et al., 2001; McDonald et al., 2002).

Las necesidades en molibdeno de los animales son extremadamente bajas, por lo que pueden ser cubiertas con la ración diaria (Underwood, 1981).

El ganado ovino es bastante resistente a la molibdeniosis, llegando a soportar niveles en plasma de 20 a 40 veces el nivel normal cuando el nivel de azufre de la dieta es al menos de un 0.1 % (NRC, 1985).

Selenio:
La importancia nutricional del selenio comenzó en los años 50 cuando se observó que la mayoría de miopatías en el ovino se podían prevenir con la suplementación de Selenio y vitamina E (McDonald et al., 2002). Se ha podido demostrar incluso que ante una deficiencia en selenio la terapia o suplementación con vitamina E, y viceversa, han funcionado (Underwood, 1981). Muchas veces la eficacia del tratamiento es superior cuando se administran conjuntamente.

El selenio es un elemento fundamental para el crecimiento y la reproducción de los rumiantes. Su carencia produce un aumento de la mortalidad embrionaria en las ovejas durante las 3-4 semanas tras la concepción (Underwood, 1981). La deficiencia de selenio en determinados lugares hace que gran parte del ganado que pastorea en esas zonas sea infértil. El tratamiento con vitamina E y selenio antes de la cubrición, reduce los problemas de fertilidad en el rebaño (Loste et al., 2001). Además que previene en el periodo perinatal la manifestación de la enfermedad del músculo blanco.

La suplementación de la ración de las ovejas durante la gestación hasta el destete con 0.1 mg de selenio por Kg de materia seca (como Selenito Sódico), cuando los niveles del pasto son de 0.07 ppm o consumen dietas bajas en selenio (< 0.02 ppm), ofrece una protección completa frente a la enfermedad de músculo blanco en los corderos (NRC, 1985).

Manganeso, Yodo y Hierro:
El manganeso es un mineral de gran afinidad por el aparato reproductor, una carencia en este elemento produce una disminución de la fertilidad (Underwood, 1981). En concreto, en el ganado ovino, se observa un retraso de la pubertad, la supresión o disminución del estro, una menor tasa de fertilidad, mayor número de montas para la concepción, un retraso en el desarrollo testicular y una disminución de la espermatogénesis (Loste et al., 2001, McDonald et al., 2002). La cantidad de 13 mg de manganeso por Kg de materia seca son suficientes para que haya un crecimiento adecuado de los ovinos y de la lana, pero para un crecimiento testicular óptimo se necesita un mínimo 16 mg de manganeso por Kg de materia seca (Underwood, 1981).

En lo referente al yodo, una carencia de este mineral durante la gestación influye negativamente en el desarrollo fetal, aumenta la mortalidad embrionaria y el número de abortos, produce retenciones placentarias y da lugar al nacimiento de corderos débiles o muertos. Además también reduce la fertilidad en los machos, produce un menor crecimiento de la lana y disminuye la tasa de concepción en las ovejas (Underwood, 1981; McDonald et al., 2002). Puede ser que el consumo de sustancias bociógenas, presentes en algunas materias primas o pastos, dé lugar a una carencia en yodo.

Y por último, el hierro. Las necesidades de hierro aumentan después de una hemorragia prolongada o durante la gestación, aunque normalmente éstas son cubiertas en las ovejas que pastorean. Una carencia de hierro, normalmente secundaria en las ovejas, se caracteriza por un pobre crecimiento, anemia, letargia, aumento de la frecuencia respiratoria, menor resistencia a las infecciones y en los casos severos, una elevada mortalidad (Underwood, 1981, McDonald et al., 2002).

 

MINERAL
NECESIDADES

NIVEL MÁXIMO TOLERABLE

Calcio(%)
0.20 - 0.82
-
Fósforo(%)
0.16 - 0.38
-
Magnesio(%)
0.12 - 0.18
-
Potasio(%)
0.50 - 0.80
-
Azufre(%)
0.14 - 0.26
-
Cobre (ppm)
7 - 11
25
Molibdeno (ppm)
0.5
10
Manganeso(ppm)
20 - 40
1000
Cinc (ppm)
20 - 33
750
Selenio (ppm)
0.10 - 0.20
2
Hierro (ppm)
30 - 50
500
Yodo (ppm)
0.10 - 0.80
50

Tabla 1.- Necesidades en minerales para el ganado ovino (en materia seca), NRC, 1980.

3.- CONCLUSIONES:
Los componentes minerales juegan un papel importante dentro de la reproducción y del funcionamiento fisiológico del animal. Las carencias en estos elementos pueden evitarse prestando especial atención a los aportes de la ración diaria. Actualmente, la mayor parte del ganado ovino se mantiene en pastoreo casi todo el año, alimentándose pues de los recursos disponibles según la época. Las ovejas pueden tolerar carencias moderadas de la mayoría de los elementos, pero para no tener repercusiones negativas en la salud y en la producción, deberán tener la posibilidad de reponer sus reservas agotadas. Cuanto mayor es la selección de animales más productivos y la intensificación del sector, más necesaria se hace la suplementación para aproximar los aportes a las necesidades en las diferentes fases productivas.

BIBLIOGRAFÍA:

- Bell, 1997. Mineral Nutrition in Sheep. Ministry of Agriculture, Food and Rural affairs, Ontario (Canadá).
- Jimeno, V.; Castro, T.; Rebollar, P.G. 2001. XVII Curso de Especialización. Avances en nutrición y alimentación animal. FEDNA, Madrid.
- Loste, A; Ramos, J.J; Sáez T. 2001. Transtornos reproductivos ocasionados por carencias vitamínico-minerales en rumiantes. Albéitar, 48: 54-58.
- Manual Merck de Veterinaria. 1993. 4ª edición. Ed: Océano Grupo Editorial, S.A.
- McDonald,P.; Edwards, R.A.; Greenhalgh, J.F.D.; Morgan C.A.2002. Animal Nutrition. 6th edition. Ed: Pearson Prentic Hall. Essex.
- National Research Council, 1980. Mineral tolerance of domestic animals, D.C: National Academy of Sciences. Washington.
- National Research Council, 1985.Nutrient requirements of Sheep. 6th revised edition. D.C: National Academy of Sciences. Washington.
- Phillipo M., Humphries, W.R., Atkinson, T., Henderson, G.D, Gaythwaite, P.H. 1987. The effect of molybdenum and iron on copper status, puberty, fertility and oestrus cycles in cattle. Journal of Agricultural Science, 109: 326 - 336.
- Smith, O.B & Akinbamijo, O.O. 2000. Micronutients and reproduction in farm animals. Animal Reproduction Science, 60: 549-560.
- Underwood, E.J. 1981. Los minerales en la nutrición del ganado. 1ªedición. Ed: Acribia. Zaragoza.